31 agosto, 2010 - 04:25
El del estribo
Supe por una canción de José Alfredo que, en algunos lugares de Latinoamérica, "la del estribo" es el nombre que se da a la última copa. Por eso, señores, este post es el del estribo. Es la ronda final a la que invita la casa.
A lo largo de dos años y medio, de tres temporadas, nos hemos encontrado en esta tasca de la Andanada del 9 para hablar de toros después de cada corrida. Desde el lugar más alto de Las Ventas hemos visto desfilar todo tipo de toreros, todo tipo de faenas, todo tipo de hierros. Nos hemos emocionado, hemos divagado, hemos intentado darle otro punto de vista y hemos, incluso, renegado de lo que no consideramos que es la Fiesta. Pero la cosa acaba aquí. Cambiamos de rumbo el timón que tenemos entre las manos y este blog, sin remedio, se cae por la borda.
La presentación de rigor estaba llena del Vértigo que dan las alturas de la plaza más importante del mundo. Y ese vértigo siempre ha estado presente. Al fin y al cabo, las cosas que merecen la pena, a juicio de quien escribe, son precisamente las que acojonan. Y el cementerio está lleno de valientes, sí; pero de conformistas, también.
Después de cerrar la tertulia de fuenlabreñas maneras - parece que todo tiende a volver al origen -, nos vamos sabiendo que le debemos un trago a Juan Miguel Sánchez Vigil; y esperando, a la vez, que ustedes hayan disfrutado de los suyos propios. Nada de 'cocacolas' ni 'trinaranjus'. Chatos cortos, copas mediadas... Pero todas con el punto justo de alcohol que afina las ideas y calienta los coletos. Al menos, eso habría sido lo perfecto. Sea lo que sea, salimos por el vomitorio de la Andanada del 9, camino de la calle Alcalá, con la seguridad de que volverían a correr las letras para escribirlo todo de nuevo tal cual está ahora.
Y lo curioso es que, después de tanto tiemo pensando en esta última entrada, llega un punto en que no sale nada más. Será que el blog ya está viendo cómo la proa del barco rompe en dos la mar... Sacamos el pañuelo para dar las gracias a todos los que se han pasado por aquí. Para bien y para mal. Con provecho o sin él. Por nuestra parte, sin lugar a dudas, vamos marcados para los restos con el guarismo del 9. Ya sólo queda, ahora sí, recordarles que deben seguir siendo buenos. Pero sólo lo estrictamente necesario...

