La final de la Conferencia Oeste, la serie del año, el duelo ideal se reduce finalmente al mejor de tres partidos. Un placer. San Antonio conquistó sensibilidades y le atrapó el gusto al que más y al que menos con su último cuarto del primer partido y el tercero del segundo. La sutileza de la excelencia, el despliegue orgásmico de la corrección, la ejecución y la lectura del juego en un momento determinante de la temporada atraparon corazones y latidos. Los más mayores por sinergia, los veteranos por nostalgia de los cuatro anillos anteriores de este equipo, los fundamentalistas de los fundamentos por su respeto a la inteligencia natural y hasta los popes del basket FIBA cayeron en la conquista de Popovich y su grupo. Muchos definían ya a los Thunder como un equipo efervescente que se había quedado sin gas, apenas sin burbujas ante la contundencia del sabor y finura de paladar de los Spurs.
La eliminatoria se trasladó a Oklahoma City y los jóvenes Thunder demostraron ser más cabales de lo que se les dibujaba. El entrenador Scott Brooks corrigió y su primera orden en número y jerarquía fue la del marcaje defensivo de Thabo Sefolosha a Tony Parker. En los dos partidos siguientes el base francés ha promediado 14 puntos y 4 asistencias, con un 40% de acierto en los tiros de campo y solo cuatro tiros libres a su disposición en 66 minutos de juego. Serge Ibaka, el mismo que no recibió el permiso para aparecer por la pista en los dieciséis minutos finales del primer partido jugó 41 minutos en el cuarto encuentro y realizó probablemente su mejor partido en la NBA (pesando producción e importancia de la cita). Once tiros, once canastas, a un tiro acertado del record de 1975 de aquel Larry McNeill que deleitó años después en el C.B. Canarias.
Y en esto llegó el comandante y mandó parar. No fue el de la barba, no. Fue Durant. Con 23 años llevó a la escuela a los veteranos Spurs. Subió al estrado y se puso a dar clase. A falta de 06.30 minutos para el final los Thunder solo estaban cuatro puntos arriba. Apareció en forma de tornado, rápido, inesperado y devastador, Kevin Durant metió dieciséis puntos seguidos. Como en una canasta de feria. Cuando cesaron los chispazos los Thunder ya estaban nueve puntos arriba y solo restaba un minuto y medio para el final. Luego, como el viento que sopla leve sobre los pedazos del desastre, Durant asistió a Harden para un triple. Después Ginobili perdió un balón tras pase fallido de esos que reducen a Pau Gasol al vudú pero, no, en este caso nadie se paró a señalar más que algún piropo al robo de Sefolosha.
No se puede pasar de cincuenta días invicto a una crisis por dos derrotas seguidas. Pero nuestra memoria es perezosa y el disco duro está muy lleno de baloncesto, por eso siempre somos de lo último visto y vivido. Sin embargo los Spurs, en su campo, volverán a los libros, a las sagradas escrituras del baloncesto. Volverán a jugar de memoria pero no descuidarán la atención hacia la información meteorológica: El “Tornado Alley” (el callejón de los tornados) llega hasta Texas. Ocasionalmente el twister podría aparecer entre las Misiones y sacudir los muros de El Álamo.