Hay géneros de cine muy estereotipados. Productos que repiten clichés una y otra vez porque funcionan en taquilla, porque su público objetivo no pide más. La Acción en general, con sus héroes musculosos contra el mundo, sus soldados de elite, pero también en subgéneros como el Suspense o la Ciencia-Ficción, siempre presenta los mismos desarrollos. Salvo maravillosas excepciones. Es más fácil innnovar en los Thriller (Traffic, L.A.Confidential), aunque de vez en cuando aparezca una joyita en subgéneros nada fáciles, como el de la SF (Science-Fiction). Es el caso de Pitch Black.
Tenemos una ecología de planeta lejano, aunque no es Avatar; y tenemos un misterio y unos supervivientes que nos acercan al Terror, aunque no es Alien. Y, en fin, tenemos al anti-héroe perfecto de los últimos tiempos: un convicto, duro y despiadado, decidido a sobrevivir por sí mismo, situado más allá del bien y del mal, aunque las circunstancias le lleven a liderar, sacrificarse y sufrir. Es Riddick, el papel que lanzó al estrellato al último actor musculitos de Hollywood, Vin Diesel.
El exitazo de esta pequeña película llevó a sus creadores, los hermanos guionistas Wheat y su colega David Twohy, a pergeñar la secuela. Las crónicas de Riddick es mucho más ambiciosa, con mayor producción y promoción, pero, inevitablemente, cae en el cliché: es una Space-Opera que se une y suigue a las sagas de este estilo, Star Wars y Star Trek. Es más, la concesión a los targets más juveniles llega incluso a tomar de los Warhammer uno de sus ejércitos, los necrones-necróferos.
Pitch Black, obra de culto del género, frente a Las crónicas de Riddick, gran aventura espacial. Ustedes elijan. Yo lo tengo claro. ¿Y lo común? Un personaje al que se le podría haber sacado más partido por el lado "nocturno", misterioso, y no por el de super-macho al estilo Schwarzenegger en marte. Eso sí, Vin Diesel aprovechó el trampolín... hasta ahora.